¡Sorpresa en El Periódico de Catalunya de hoy! Conozco personalmente a Artur, protagonista de la Contraportada (pdf) y papá de Ona, ¡amiga de Anna!
Por Núria Navarro Periodista
Artur Fernàndez (Barcelona, 1973) estudió Magisterio y sintió una llamada hacia la educación especial. Quería ser útil a quienes tenían mayor dificultad. Se enroló en la Escola d’Educació Especial Mare de Déu de Montserrat, en lo alto del Guinardó, y fue canalizando toda su energía -que es mucha- en no dar nada por imposible, en potenciar al máximo las capacidades de los chavales con discapacidad intelectual, en subirles la autoestima. Pero eran sus alumnos, los hijos de otros…
Artur Fernández, en Barcelona. JONATHAN GREVSEN
-Y nació su primera hija, Ona, con síndrome de Down.
-Lo supe inmediatamente después del parto. En aquel momento pensé que no podía ser, que estaba soñando, que era una ironía del destino. Durante el embarazo le das vueltas a una hija imaginaria y cuando la tienes delante no es aquella, es otra. Es la que es. Entonces entré en una etapa de duelo.
-¿Saber tanto como usted aumenta el impacto?
-Saber tanto te hace pensar demasiado. Durante los primeros meses se me disparó la acción. Me metí presión yo solo. Cuando llevaba un año con la estimulación precoz y la búsqueda de todos los recursos posibles, me derrumbé. Todo se me hizo una montaña. ¡Yo quería ser padre, no maestro!
-Tenía el derecho.
-¿Sabe qué me ayudó a canalizar todo ese malestar y esa rabia, a salir adelante?
-¿Qué?
-Escribir una canción, Ona. Salió de dentro, de golpe, sin filtros.
-¿Me regala un trocito?
- (…) «Ona… tot va deixar de ser igual al sentir el teu crit./ No era un somni!/ Era tot ben real,/ Els vents de la tardor confonien les emocions./ Ona… el gebre del matí em calava els pensaments./ Ona… em vas veure plorar dolces llàgrimes lluents./ Em vas somriure i jo al teu costat abraçant-te/ Ona ets una estela de llum que ens il.lumina!/ No era un somni! / Era tot ben real,/ No era un somni! / Des d’aleshores ençà he pogut tornar a somiar».
-Es muy hermosa.
-Ona ha sido quien realmente ha tirado de mí, de nosotros.
-A usted la música no le era completamente ajena.
-La música siempre ha sido mi válvula de escape, de catarsis incluso. A los 19 o 20 años formé un grupo con unos amigos, que se disolvió cuando cada uno tomó su camino. Pero hace un par de años nos volvimos a reunir, formamos el grupo de pop Pool e incluso trabajamos en un disco, Morocco’s skin. Si quiere escuchar las canciones, puede entrar en www.myspace.com/pool.bcn.
-Tomo nota. Usted es el cantante.
-Sí. Y uno de los miembros, el bajista, hizo la base de piano de Ona.
-¿Qué pasó a partir de esa canción sin filtro?
-Fue el punto de inflexión, el momento en que supe que era padre y que tenía una hija impresionante.
-¿Esa hija ha modificado su mirada como maestro?
-Ahora tengo mucha más empatía con las familias. Sin dejar de ser profesional, entiendo mucho mejor todas las situaciones.
-Oiga, ¿usted cree en el destino?
-Tengo la impresión de que las casualidades no son porque sí.
-Es una impresión razonable.
-Y ahora estoy en un momento en el que creo que puedo ayudar a otros. Ha llegado la hora de juntar todas mis dimensiones: la profesional, la familiar y la artística.
-¿Cómo lo hará?
-He presentado la canción a la Fundació Catalana Síndrome de Down con la idea de ayudar a otros padres que acaban de aterrizar. Porque la letra no niega la sorpresa inicial, ni la caída, pero da luz y energía para tirar adelante. Y ahora…
-Dará un paso más, seguro.
-Expliqué a los miembros de Pool mi proyecto de incorporar en alguno de nuestros conciertos a la coral de la Escola d’Educació Especial Mare de Déu de Montserrat, y me han respaldado totalmente. Será una forma de dar a los chicos visibilidad. Los prepararé este curso. Creo que la base de todo es la ilusión. Cada uno debe hacer su propio proceso y todos son respetables. Este es el mío.
-Su hija tiene ahora 6 años. Cuénteme algo de Ona.
-Es todo amor. Sabe tocar muy bien las teclas emocionales y se mete a todo el mundo en el bolsillo. Y al dar tanto amor, ha enriquecido a la familia. Dos años y medio después de nacer ella llegó Teo, con otra realidad distinta y otro ritmo. Donde no llega el uno, llega el otro.
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