La equinoterapia y el síndrome de Down
Ayer sábado acudimos junto a un grupo de padres de otros niños con síndrome de Down a un centro de equinoterapia (Camins a Cavall) para una sesión introductoria a esta terapia.
Wikipedia define la equinoterapia como un tratamiento, terapéutico, educativo y recreativo que contribuye a mejorar significativamente las condiciones del desarrollo psico-físico social de las personas con discapacidad y con necesidades educativas especiales, para una mejor calidad de vida. Así, con el caballo, se producen avances significativos en las áreas psicomotora, psicológica, de la comunicación y el lenguaje, y en el campo de la socialización. ¿Y para quién dice recomendar la equinoterapia? Pues para personas con discapacidad, del aparato locomotor, mental, parálisis cerebral, sensoriales y otras patologías que la clínica médica considere conveniente como terapia de rehabilitación.
Tras una charla teórica en la que los padres pudimos conocer al personal del centro y conocer los beneficios que esta terapia puede proporcionar a nuestros hijos, cada uno de los pequeños tuvo la oportunidad de acercarse y/o montar un caballo. En nuestro caso teníamos serias reticencias sobre cómo Anna iba a tomarse este encuentro puesto que habitualmente cualquier animal le da mucho respeto e incluso miedo, ¡sea del tamaño que sea! Cuando le tocó el turno a Anna, tal y como esperábamos mostró inicialmente un rechazo al verse tan cerca de Tambor, y no quería saber nada de nada del caballo. Pero poco a poco fue cogiendo confianza y contra todo pronóstico… ¡comenzó a tocarlo! A partir de allí incluso se apoyó sobre él y se animó a cepillarlo, con lo que en menos de cinco minutos Tambor le había proporcionado suficiente confianza como para dejar de ser una amenaza y Anna se encontraba muy cómoda. Eso sí, al pasarla de un lado a otro del caballo, ¡tenía sumo cuidado de arquear todo el cuerpo y las piernas para no acabar encima de él!
En definitiva resultó ser una experiencia muy enriquecedora puesto que, aunque solo pretendía ser una sesión para un primer contacto con el caballo, pudimos ver como el habitual temor de Anna hacia los animales, o cualquier objeto grande que se mueva, se convirtió rápidamente en una breve relación de confianza… !Ahora tendremos que valorar si nos interesa repetir la experiencia de una forma regular (la frecuencia adecuada sería la de una sesión semanal)!
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