Hace unos cuantos días que no encuentro el momento de actualizar el blog y aunque estoy cansando he pensado en no dejarlo pasar más.
Anna ha vuelto en sí, de eso no hay duda. De hecho aquellos que no la habían visto en el hospital o durante sus primeros días en casa casi no pueden creerse que hace escasamente tres semanas que ha sido intervenida :-) Así que al final tanto los médicos como aquellos que nos ibais tranquilizando teníais razón… era solo cuestión de tiempo. El único resquicio pendiente es a lo mejor un poco de la “mamitis” que sigue manifestando. Por lo demás, como una rosa.
Al hilo del título de esta entrada… Los meses antes de ingresar a Anna decidimos que dado el flamante inexistente ritmo al que engordaba, queríamos mantenerla con toda su comida triturada, para que de esta manera comiera el máximo posible. Pues bien, teniendo en cuenta que hasta los dientes le crecieron mientras estuvo ingresada (lo último que había mencionado al respecto es que las muelas partían con ventaja, ¡aunque a día de hoy los incisivos oponen una férrea resistencia y asoman cada día más rápido!) y que habían pasado unos días desde la vuelta, decidimos comenzar la transición hacia la comida sólida… Y Anna ha mostrado desde el primer momento una buena disposición para colaborar en la materia. Eso sí, ¡¡vamos a paso de caracoles!! Y tampoco logramos que coma las mismas cantidades, así que al final lo que vamos a hacer es darle parte triturado y parte a trocitos…
Está claro que supone un sacrificio invertir el doble de tiempo en algo pero por lo que tenemos entendido es muy bueno que Anna desarrolle toda su musculación facial (cosa que logra al masticar día tras día) de cara al habla, así que seguiremos trabajándolo poco a poco.
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