Logopedia, estado de la cuestión
Hoy nos hemos reunido con la logopeda de Anna. La verdad es que hemos salido muy contentos pero antes de relatarlo pondré la situación en contexto…
Hasta mediados de este año Anna acudía fuera de horario escolar al CDIAP (Centro de Desarrollo Infantil y Atención Precoz) que nos corresponde por zona y cuya cobertura depende en última instancia del Departamento de Bienestar (ahora Acción Social y Ciudadanía) de la Generalitat de Catalunya. Las autonomías están obligadas por ley a cubrir las necesidades de atención temprana de nuestros hijos con necesidades educativas especiales (NEE) hasta los 6 años, edad en la que comienza la enseñanza obligatoria. En la práctica no conocemos a ni una sola familia, y son unas cuantas, que haya logrado mantener a su hijo hasta dicha edad en el sistema. ¿La razón? Pues dado que la mayoría de nosotros escolarizamos a nuestros hijos a partir de los tres años (Anna lo hizo con cuatro años, pero junto a los de tres) tarde o temprano los padres reciben un mensaje en la linea de “es que su hijo ya tiene a su disposición los recursos de su escuela…” (independientemente de si va a una escuela con los recursos mínimos y obligados por ley o a una con más porque así lo ha incorporado en su proyecto). De hecho a nosotros en ningún momento se nos planteó una baja en el centro, ni al contrario que el día del alta, ¡hemos firmado ni un solo papel! Sospechosamente simplemente se nos informó de que en tal fecha tendría lugar la última sesión de Anna junto con su logopeda… por quien por cierto teníamos una gran estima y nos dolía en el alma tener que dejar atrás (N., ¡¡si nos sigues leyendo un fuerte abrazo para ti!!).
En nuestro caso todo esto ocurrió en la primavera de este año y si bien en un inicio estaba dispuesto a llegar incluso a poner una demanda para hacer valer el derecho de nuestra hija finalmente optamos por “jugárnosla” y esperar a ver si en septiembre conseguíamos o no un logopeda durante la jornada escolar. El problema radicaba en que en Cataluña este servicio lo proporciona el CREDA (Centro de Recursos Educativos para Deficientes Auditivos) y por tanto un niño sin problemas auditivos no es necesariamente candidato a recibir este servicio. Pero en la práctica, el Departamento de Educación canaliza los recursos de este centro y si es posible los proporciona para otros niños, cosa que afortunadamente ocurrió en el caso de Anna. Digo afortunadamente porque no teníamos garantía alguna de que fuera a ocurrir así con lo que podríamos habernos encontrado sin cobertura ni en el centro de atención temprana ni en el colegio. En ese caso nos estaríamos como tantas otras familias, obligadas a desembolsar de nuestro bolsillo el coste de un profesional para algo tan obvio como que un niño con síndrome de Down necesita un logopeda.
Esta es la situación en la que nos encontramos. Anna a sus cinco años recibe 45 minutos de logopedia a la semana de mano de A., una profesional encantadora y con mucha experiencia. Hoy hemos tenido la oportunidad de hablar con ella durante más de media hora compartiendo nuestras inquietudes y llegando a algunas conclusiones.
La capacidad de comprensión de Anna es altísima (recordad que entiende castellano, catalán e incluso inglés ya que tanto yo como parte de mi familia somos angloparlantes) así como su capacidad de comunicarse de forma no verbal. Por otro lado habla por los codos pero se entiende muy poco de lo que dice, con lo que su capacidad de producir lenguaje oral inteligible es muy baja. A lo sumo encadena dos palabras y su vocabulario oral es muy restringido. Pues bien, partiendo de esta situación ha llegado el momento de potenciar la comunicación oral. ¿Cómo? A base de comenzar paulatinamente a ignorar sus comunicaciones no verbales y requerirle que pida las cosas por su nombre aunque para ello haga falta incluso decirle las palabras que queremos que pronuncie. De esta manera queremos intentar ir minimizando el lenguaje no verbal y potenciando su habla. No buscamos que pronuncie 100% correctamente, es suficiente que realice una aproximación ya que a base de la repetición irá mejorando. Otras técnicas que podemos emplear son el uso de libros, láminas, canciones, onomatopeyas y ejercicios de soplo. Siempre incorporados de forma lúdica y amena dentro o fuera de la rutina de casa.
¿Qué queda por delante? Pues de momento a corto plazo seguir en esta linea, repitiendo en casa los ejercicios, ideas y canciones que nos propone la logopeda. Más adelante volveremos a evaluar la situación y veremos si sigue siendo lo más adecuado para Anna o si habrá llegado el momento de contar con más horas junto a un profesional. De momento por tanto estamos tranquilos, especialmente al haber observado un progreso de Anna muy bueno en los últimos meses. Eso sí, seguiremos muy de cerca su evolución y no dejaremos de leer e investigar al respecto.
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